Desde comienzos de 1813
funcionaba en Buenos Aires la Asamblea General Constituyente. Para muchos,
entre los que se contaban San Martín y Belgrano, era la gran oportunidad para
declarar la independencia y reafirmar la decisión de guerra a muerte con
España.
Lamentablemente, los
terratenientes porteños y su principal representante y presidente de la
Asamblea, Carlos María de Alvear, no pensaban lo mismo. El ex amigo y compañero
de San Martín aprovechó la oportunidad que le brindaba el alejamiento del
coronel para crear un poder ejecutivo unipersonal, el Directorio. Así lo cuenta
el propio Alvear en sus memorias, dictadas al amanuense Rivera Indarte.
No había pues tiempo que perder
y era preciso empezar por hacer en el gobierno una gran variación que pedían
imperiosamente las circunstancias. El coronel San Martín había sido enviado a
relevar al general Belgrano y la salida de este jefe de la capital, que habíase
manifestado opuesto a la concentración del poder.
Efectivamente, corría el año
1814 cuando San Martín fue designado al frente del Ejército del Norte en
reemplazo de su querido y admirado general Belgrano. El encuentro entre los dos
patriotas se produjo el 30 de enero, en algún lugar en el camino entre Tucumán
y Salta. Tuvieron tiempo de conversar
sobre el estado de la Revolución, sobre la inoperancia e incomprensión del
gobierno central y de la soledad.
San Martín traía instrucciones
reservadas del Directorio que le ordenaban remitir a Belgrano para ser juzgado
por las derrotas de Vilcapugio y Ayohúma, pero estaba completamente en
desacuerdo con la absurda disposición y se negó a entregar a su compañero.
San Martín reorganizó el
ejército y lo dejó en las mejores condiciones posibles. Pero su cabeza estaba
en otra parte. Estaba absolutamente convencido de que las sucesivas derrotas en
el Norte ya eran suficientes para demostrar que había que buscar otro camino
para terminar definitivamente con el enemigo y su centro de poder en Lima.
A comienzos del invierno de
1814 se difundió una noticia preocupante sobre la salud del jefe del Ejército
del Norte. Se supo que su médico le había aconsejado marchar hacia el benévolo
clima cordobés. Así lo cuenta José María Paz, que tuvo el privilegio de
conocerlo en aquellas circunstancias.
Desde aquella estanzuela de
Saldán diseñará junto a su entrañable amigo Tomás Guido el plan continental de
liberación. Se proponía formar un ejército en Cuyo, cruzar la cordillera,
liberar Chile y desde allí lanzar por mar la ofensiva final sobre Lima.
Don José sabía que para
concretar un plan tan ambicioso hacía falta, además de poder militar, poder
político. Solicitó y obtuvo, el 10 de agosto de 1814, el cargo de gobernador de
Cuyo y se mudó con Remedios a Mendoza, dejándole al general Martín Miguel de
Güemes y sus infernales gauchos la defensa de la frontera norte. San Martín
destacaba los esfuerzos del salteño.
A los amantes de la historia
basada exclusivamente en “fechas y batallas”, aquella que nos arruinaba la
mente en el secundario, a los que siguen queriendo ver un San Martín
exclusivamente militar, hay que recomendarles que analicen al San Martín
político, a aquel que durante tres años gobernó con gran eficiencia, equidad y
honestidad las provincias cuyanas.
El espíritu del gran libertador permanece
en la tierra que fuera cuna de una de las hazañas más grandiosas de la historia
de nuestra Argentina.
El 10 de agosto de 1814, cuando Don José de
San Martín fue nombrado gobernador intendente de cuyo, se inició el plan de
liberación del continente. En Mendoza se organizó el Ejército de los Andes, que
cruzó la cordillera, dando vida así a nuestra mayor épica militar.
San Martín había solicitado este cargo
respondiendo a un motivo muy bien pensado: consideraba que Mendoza era el sitio
estratégico para la guerra de la independencia. Su proyecto era armar al pie de
los Andes un ejército que cruzara la cordillera para liberar a Chile de los
españoles y de ahí seguir hasta Lima. Ese plan resultó ser todo un éxito. Pero
además, San Martín, que gobernó hasta el 17 de octubre de 1816, desarrolló una
organizada gestión civil. Por poner un ejemplo, una de sus primeras acciones de
gobierno fue transformar un paseo que había creado el Cabildo local en 1808 al
oeste de lo que entonces era la ciudad.
Si bien los cuyanos fueron beneficiados por
las obras del gobernador intendente José de San Martín, también vieron cómo su
vida cotidiana cambió drásticamente cuando la región se convirtió en un taller
de guerra. Buenos Aires ayudó con la formación del Ejército de los Andes, pero
la mayor parte de los fondos, la fuerza de trabajo, armas, vituallas, ropas y
caballería, entre otros recursos, fueron aportados por Cuyo. A poco de partir a
Chile, a principios de 1817, el general le escribió a Tomás Godoy Cruz, quien
estaba en Buenos Aires, destacando que le faltaban salud y tiempo y dinero.
Casi 190 años después de su paso por
Mendoza, en la escenografía local todavía quedan en pie y en general en
funcionamiento varias de las obras que puso en práctica durante su mandato o
que impulsó mientras con su ejército se batía por la libertad del sur del
continente.
El turismo histórico en Mendoza comienza
por conocer los sitios donde el General San Martín desarrolló su actividad,
donde quedaron marcadas sus acciones de Gobernador, de estratega y de hombre
simple y sencillo. Se las puede ver a diario: el paseo Alameda, el Archivo
General de la Provincia, la biblioteca pública que lleva su nombre y canales de
riego son algunas de esas concreciones que se mantienen y llevan la impronta
del Libertador.
Uno de los mejores circuitos de
turismo histórico de Mendoza es conocido como las "Rutas Sanmartinianas” ordenadas
y contextualizadas para permitir conocer la historia de nuestro prócer y a la
vez, disfrutar de esta provincia con toda la fuerza de sus atractivos.
Durante agosto recordamos de manera
especial al ilustre vecino de Mendoza, José de San Martín.
Como Gobernador, San Martín iniciará una
intensa actividad gubernativa para convertir a la provincia en una nueva fuente
de recursos para la causa de la independencia excitando los sentimientos
patrióticos de sus habitantes y obteniendo así la colaboración del pueblo
cuyano.
Desde su "Ínsula Cuyana"
mantendrá comunicación con todos los referentes políticos y militares de las
Provincias Unidas del Río de La Plata convirtiéndose en el principal impulsor y
guía del Congreso de Tucumán, en tanto que pondrá en pie de guerra al Ejército
de los Andes con el que concretará la gran hazaña de cruzar el macizo andino y
comenzar su campaña de liberación de América del Sur.
La adhesión de José Francisco de San Martín
a la causa americana se hizo palpable desde el momento de su llegada al Plata
el 9 de marzo de 1812.
Pocos días después creará el Regimiento de
Granaderos a Caballo, germen del ejército profesional patriota, al mismo tiempo
que intervendrá de forma directa en los asuntos de gobierno a través de su
activa participación: primero, en la Logia de Caballeros Racionales y luego
Logia Lautaro, sociedades políticas secretas por la que los patriotas darán
nervio y sentido al plan revolucionario iniciado por Moreno, Belgrano y
Castelli en Mayo de 1810.
Después de un breve paso por el Ejército
del Norte donde mantendrá contacto por varios meses con su hermano de causa
Manuel Belgrano y con el jefe de los gauchos de Salta, Martín Miguel de Güemes,
con quienes organizará la defensa de la frontera del Alto Perú, se retira a
Córdoba y desde allí pedirá al director, Posadas, su traslado a Mendoza a
partir de su nombramiento como Gobernador Intendente de la recientemente creada
Provincia de Cuyo desde donde desplegará todo su genio político, administrativo
y militar que le permitirá convertirse en el árbitro de la política rioplatense
y en el líder del proceso revolucionario.
A través de los diputados por Cuyo:
Francisco Narciso de Laprida y Fray Justo Santa María de Oro por San Juan;
Tomas Godoy Cruz y Juan Agustín Maza por Mendoza - y Juan Martín de Pueyrredón
por San Luis, todos quienes actuaban bajo el influjo y órbita política de San
Martín, pugnará hasta el cansancio por la reunión del Congreso de Tucumán y la
Declaración de la Independencia, neutralizando la política localista del
gobierno de Buenos Aires y tratando de zanjar las diferencias en el Litoral
entre el Gobierno Central y Artigas; en el norte, entre Güemes y Rondeau.
En Mendoza, San Martín no cesará en su
prédica y en permanente comunicación con sus amigos Belgrano y Guido, con el
Director Pueyrredón y con los diputados que integran el Congreso Soberano,
intentará encauzar y contagiar a todo el espectro político y militar de las Provincias
Unidas del Río de la Plata, Chile y Perú de su flama libertadora, sorteando
obstáculos, muchas veces solo, en una lucha desesperada contra el tiempo y, por
sobre todo, con muy pocos recursos; pero siempre con la mente, la voluntad y el
espíritu fijo en su misión: la Libertad de América.
En el mundo actual donde la crisis de
liderazgos es tan evidente, en el que millones de personas sufren hambre,
pobreza y la desolación de la guerra; y en el que las clases dirigentes parecen
indolentes ante tanto horror; sin lugar a dudas necesitamos ejemplos de líderes
comprometidos y que trabajen incansablemente por la causa de los pueblos.
Por
ello inmortalizamos al Libertador de América José Francisco de San Martín como
verdadero ejemplo de conductor y modelo de líder a se
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